El sueño no es una pausa. Es un proceso activo del cerebro.
Debería existir una exigencia básica,
ética y social: toda persona que convive, educa, cuida o trabaja con niños
debería pasar por una formación mínima sobre desarrollo humano. No como
burocracia, sino como compromiso.
Desde el punto de vista
pedagógico, psicopedagógico y neuropsicopedagógico, sabemos que la infancia no
es una etapa “menor”, sino la base de toda la construcción cognitiva, emocional
y social del ser humano. Cada etapa del desarrollo tiene características
propias, necesidades específicas y formas distintas de aprender.
Como planteaba Jean Piaget,
el niño construye activamente su conocimiento a través de la interacción con el
entorno, atravesando distintas etapas del desarrollo cognitivo.
En la misma línea, Lev Vygotsky destacó
la importancia del contexto social y del acompañamiento en el aprendizaje,
señalando que el desarrollo ocurre en relación con otros.
Y desde una perspectiva emocional, Daniel Goleman subraya que no hay aprendizaje sin emoción: lo que sentimos impacta directamente en cómo aprendemos.
El niño no aprende como el adulto
enseña.
Aprende a través del vínculo, la
experiencia, la imitación y la curiosidad.
Desde la neuropsicopedagogía, el cerebro
infantil está en constante construcción. Las conexiones neuronales se
fortalecen a partir de las interacciones, las emociones y los estímulos del
entorno. Emoción y cognición van de la mano: no hay aprendizaje significativo
sin implicación emocional. Las emociones son, en efecto, las guardianas del
aprendizaje.
Desde la psicopedagogía,
comprender cómo aprende el niño es fundamental para no convertir el proceso en
una experiencia de frustración. Cuando no respetamos los tiempos, las etapas y
la individualidad, corremos el riesgo de bloquear en lugar de potenciar.
Y desde la pedagogía, hablar de
educación es hablar de educación integral:
ü
desarrollar
capacidades cognitivas, emocionales y sociales
ü
respetar
ritmos y singularidades
ü
potenciar
habilidades
ü estimular el pensamiento, la curiosidad y la autonomía
Los niños necesitan tener el derecho de
explorar, equivocarse, intentarlo de nuevo, preguntar, imaginar, sentir y
construir conocimiento con sentido.
Por eso es urgente reflexionar:
¿Cómo podemos permitir que alguien sin
preparación conduzca procesos tan delicados?
Cuidar de un niño no es solo una tarea,
es una responsabilidad humana profunda.
Como profesional del área,
con años de experiencia, resulta inevitable sentir inquietud al observar
prácticas que desconocen el desarrollo infantil. No se trata de juzgar, sino de
tomar conciencia: como sociedad, necesitamos avanzar.
Respetar al niño es comprender quién es
en cada etapa de su desarrollo.
Y eso también se aprende.
Elizangela Ferreira
Psicopedagoga & Neuropsicopedagoga

El proceso de desarrollo y aprendizaje desde que nacemos es fundamental para ser capaces de lidiar con el mundo en el que vivimos. Es fundamental que nuestro entorno favorezca ese desarrollo y nos prepare para lo que ha de venir. ¡Muchas racias por hacer aportaciones tan interesantes siempre!.
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
EliminarMuchas gracias por tu aportación.
Eliminar¡Muchas gracias por tus aportaciones, siempre son bienvenidas !
ResponderEliminarBesitos corazón.
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